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No hay un respuesta sencilla a esta pregunta. Las sugerencias siguientes quizás podrán servirle de pauta, aún cuando desarrolle su propia manera de hacer frente a la E.M.:
- Concéntrese más en lo que puede hacer que en lo que no puede hacer.
- Viva al día. La E.M. crea incertidumbre ante el porvenir y es más eficaz consagrar su energía a los problemas del momento que preocuparse por los del mañana.
- Aspire a metas accesibles, así será capaz de alcanzarlas.
- Amplíe su campo de valores; conceda importancia a cualidades distintas del “poder físico”.
- Valore su éxito según sus realizaciones y no según las de los demás.
- No se ahogue en sus inquietudes; es importante comunicar lo que siente y lo que le inquieta a las personas que le rodean (esposo/a, familia, amigos/as, etc...). Si acumula sus preocupaciones se expone a una reacción intempestiva.
- Permanezca activo/a dentro de los límites impuestos por su enfermedad. El restringir sus ocupaciones no debe implicar una huída de la sociedad ni la ruptura de los contactos sociales.
- Atrévase a pedir y a aceptar ayuda, SI REALMENTE LA NECESITA.
- Considere que debe aceptarse tal como es, antes que esperar de los demás que lo hagan.
- Esté al corriente de los acontecimientos diarios y sea activo/a espiritualmente. Si se debilita su memoria, piense que muchas personas no afectadas por la E.M. están en el mismo caso y necesitan tomar el lápiz y el bloc de notas con el fin de anotar las cosas importantes. Además, aunque ciertos enfermos de E.M. tengan dificultades para retener algunos detalles, estos trastornos pueden deberse a otras causas.
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